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martes, 14 de junio de 2011

Indignados que indignan

Qué fuerte, se me había olvidado que tenía un blog. Bicicleta, cuchara, manzana. No recordaba que miles y miles de ansiosos lectores devoradores de dramáticas crónicas sin pies ni cabeza esperaban mi crítica social semanal, a lo sálvame y a lo grande. Bicicleta, cuchara, manzana. Se me ha ido el santo al cielo, sin excusas baratas, sin mentiras, sin rencores, sin perdón. Bicicleta, cuchara. manzana.



Los últimos acontecimientos me han superado. Confieso. La primavera árabe se ha contagiado y ha hecho que the spanish people se quite el sayo antes del 40 de mayo. Acampadas, desalojos, manis, caceroladas, comisiones divididas en subcomisiones, divididas en subcomisiones, divididas en subcomisiones, divididas en subcomisiones, divididas en subcomisiones, hasta el infinito... si amigos, algo tan bonito como la revolución, como la democracia del pueblo, como el poder decidir cómo queremos las cosas, ha perdido parte de su encanto, ha cambiado la pasión por la monotonía de pareja, se le han descolgado los pechos y la celulitis es más que evidente. Y es que, no lo neguemos más, siempre nos ha gustado más opinar en el bar que en cualquier otro sitio y como en las acampadas no se bebe...

He mirado a la cara al movimiento #15M, no de reojo, y lo único que he conseguido es indignarme de los indignados. Sin generalizar, ya me entendeis, ni todos los catalanes somos tacaños ni todos los rastas huelen mal. La cuestión, ya no sé si manifestar mi indignación por políticos y bancos o por los indignados mismamente. Razones para ello:

1. Los ewocs. Esos seres que viven en los árboles de plaza Catalunya, esos que se han fabricado su casa con palés y cuerdas, esos que tienen una vista privilegiada en las asambleas, esos que han decidido que se quedan acampados, en contra de la mayoría asamblearia, esos que hacen que la imagen estereotipada de un indignado sea la de un joven perroflauta sin trabajo que ahorra en champú para comprarse porros. Gracias, por respetar la mayoría y por ahorrar en agua, desde que os conocí me planteo construir mi choza en la palmera del vecino y dejar de pagar alquiler. Ellos no me representan.

2. Vamos lentos porque queremos llegar lejos. Y de tan lentos que vamos en las asambleas nos dan las uvas hablando de chorradas, nuestras chorradas, las de unos pocos que llevan el cotarro, ni puta idea de si son las mismas que las del resto de indignados del mundo, porque claro, mi barrio acabará con las multinacionales y con los políticos corruptos y con el precio abusivo del cola-cao. Dejad de repetir la frasecita, lo único que se consigue es que cada vez seamos menos en las asambleas y más en los bares, aunque la basura seguimos siendo todos.

3. Compañeros y compañeras. Feministas indignadas que sólo quieren indignarse entre ellas y uso del género masculino y femenino en toda palabra que lo permita. Me aburrooooooooo. Mujeres, si, respeto, por supuesto, reconocimiento, cómo no, pero el género hasta en la sopa no es necesario. Perdonad pero nunca fui joven escolta. Yo era de tigres y leones, a pelo.

4. El huerto. Cuando en una asamblea de 1000 personas te pasas hora y media hablando sobre el huerto que se ha instalado en la acampada algo va mal. Pintan bastos. No sé a vosotros pero a mi me la traen floja los tomates, las lechugas y las ballenas. Compañeros y compañeras, no toca, no tocaba, no estamos para gilipolleces por muy bien que me parezca el autoconsumo y las cooperativas. Yo quiero un sueldo digno, no pepinos de la plaza. Me importa un rábano, el vuestro.

Y si, el 19 me manifestaré. Y también, los lunes iré a la asamblea de mi barrio. Algo habrá que hacer para dejar de indignarse con los indignados, pero ¿qué? this is the question... si teneis una respuesta, let me know que estoy en un sinvivir.